Nosotros los héroes por Pacheco de Diario La Nación

por Galo Ontivero

Héroes signados por el dolor

En un viejo teatro de pueblo, una compañía pasa sus días haciendo funciones e intentando definir sus próximas actividades. Ellos forman parte de ese grupo de actores que gira por el interior de un país sabiendo que en las ciudades capitales su arte no tendrá posibilidades de desarrollo y, tal vez, hasta no genere interés.

La mujer que conduce la compañía lo hace como una especie de mandato hereditario que su hija deberá continuar. Una empresa familiar, a la que se integran otros intérpretes con el único objetivo de formar parte de algo que les de la posibilidad de concretar un acto artístico, aunque éste sea pobre, falto de creatividad.

Entre ellos, es como si el talento no se midiera. Solo quedan viejos recuerdos de momentos felices. En el presente de la acción se vive el día a día y las relaciones interpersonales están comenzando a complicarse. Para colmo de males, la guerra está por estallar en Europa.

En ese marco de expectativas por seguir haciendo arte y un mundo social y político próximo a estallar, transcurre la acción de Nosotros, los héroes. Como en la mayoría de los textos de Lagarce, héroes singulares, perdidos en un mundo plagado de inseguridades, donde los afectos se diluyen y los pocos objetivos que se proponen, en la mayoría de los casos, no llegan a buen puerto.

El autor francés construye un material sobre todo de personajes. Donde cada uno deberá expresar quién es en pocos momentos y hacerlo de manera muy contundente. Cada una de sus conductas debe referir esa conmoción que parece superarlos a cada instante. Pero el arte los contiene, a su manera y, entonces, pueden salir adelante, de manera dolorosa, es cierto.

La dirección de Mónica Benavídez es muy cuidadosa a la hora de dar el marco ideal en el que esa acción transcurre. Consigue climas muy ajustados y hasta ciertas tensiones, que asoman en las relaciones de los personajes, se exponen con elocuencia. El espectador logra aprehender con fuerza esa singular situación de devastación en la que crecen esas criaturas.

El elenco es un tanto heterogéneo y es ahí donde ciertos momentos de la pieza pierden su intensidad. Es que algunas actuaciones resultan muy exteriores y eso hace perder fuerza a los personajes. Resultan sobresalientes las actuaciones de Lucía Lerendegui, Galo Ontivero, Walter Rosenzwit, Rafael Lavin y María Laura Rojas.

El diseño escenográfico de Eduardo Spíndola y la dirección musical de Sergio Klanfer sintetizan muy bien ese clima de tristeza y opresión que abunda en los textos de Jean-Luc Lagarce.ß Carlos Pacheco.

Anuncios