Persona. Crítica de Patricio Rafaelich y Matías Alarcón de Show Online

por Galo Ontivero

El Espacio Cultural Habitándonos, declarado “Embajada de la paz” por el Senado de la Nación y “Sitio de Interés” por el Ministerio de Cultura de la Nación, otorga todos los jueves la oportunidad de disfrutar de una obra de teatro única.  El espacio que compone este viejo ex hotel -ahora magistralmente reacondicionado- se comporta como el lugar de alojamiento perfecto para el desarrollo de una historia muy peculiar.

 

El Sr. Vogler (Marcelo Saltal), ex cantante de karaoke, se encuentra realizando una rehabilitación psiquiátrica en una casa quinta prestada. Desde hace un tiempo, en medio de una función, perdió el habla. Su estado y su modificación sólo dependen de una decisión: querer comunicarse. La enfermera Alma (Sabrina San Martín)  y su herman@ (Paulo San Martín) son sus acompañantes terapéuticos.

 

La obra se organiza fundamentalmente en torno a los preceptos de la estética vanguardista del expresionismo.  Se puede identificar esta corriente artística en la elección del caso excepcional que se representa, en la eliminación de la distancia física entre escenario y auditorio, en la absorción por parte de los personajes de un simbolismo particular y en la utilización de la narración y el acto enunciativo como eje organizador del desarrollo del drama. Todo pasa aquí en la palabra. Frente a esto, la ausencia de diálogo, de producción lingüística por parte de uno de los participantes de la situación comunicativa, vuelve absurda e imposible la representación, pues, simplemente, ser persona es hablar.

 

  El trabajo de puesta en escena, bajo la dirección de Galo Ontivero, es sinceramente excelente. Desde el armado del escenario, que como se mencionó antes coincide perfectamente con la estructura del viejo hotel,  -tanto que parece una habitación del mismo- pasando por el elegante vestuario a cargo de Pía Drugueri -destacando por sobre todo el de Sabrina San Martín, que simboliza claramente su función en el espacio-, hasta llegar, finalmente, a la suprema ejecución de los actores involucrados. Sinceramente, da gusto presenciar la notable actuación de Paulo San Martín -quien nos inhibe la posibilidad de borrar la sonrisa de la boca-, el virtuoso aprovechamiento de la comunicación gestual -único medio a su alcance- de Marcelo Staltal y  la también silenciosa pero muy corpórea participación de la auténtica y amorosa Sabrina San Martín.

 

No hay posibilidad de pasar por alto esta oportunidad.  Mi recomendación: acérquense, tomen una copa, conozcan la historia del recinto que alberga la obra y disfruten de una comedia diferente.

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