La Habitación de Pinter. Crítica de Rodolfo Weisskirch para A sala llena.

por Galo Ontivero

El Placer en la Incertidumbre

El arte no debe llenar expectativas. A veces, el entretenimiento está servido en bandeja, y se disfruta, no lo niego. Sentarse, ver una comedia con todos los elementos encima de una mesa desde los cinco minutos y retirarse con todas las respuestas, a veces no está mal. Por supuesto, esto no es teatro trascendente. Sino, cuestión de efectismo. Entrar y salir. Pero si hay algo que la historia nos ha enseñado con respecto a la expresión artística es que son aquellas obras literarias, pictóricas, cinematográficas o teatrales que generan preguntas más allá de la superficie, las que logran trascender. Aquellos autores que pintan algo más detrás de las superficies, que le aplican diversas capas de materiales, los van superponiendo y cuando uno termina de verlo, y va retirando cada una de esas capas, empieza a encontrar un material más estimulante para el intelecto, para que la mente descifre, que provocan no solamente, poder crear sobre esa superficie una nueva reflexión, sino que motiva una impúdica necesidad de recrear esa sensación de incertidumbre para descubrir una vez más el truco de magia. La magia de la expresión artística. ¿Se comprende?

O sea, ¿que es lo que despierta tanto interés aún hoy en día de La Mona Lisa? Acaso, ¿es la belleza de La Gioconda o su enigmática sonrisa, su perceptiva mirada que puede descubrirse desde cualquier ángulo, su cálculo matemático a la hora de ser realizada por Leonardo?

¿O por que nos sentimos atraídos por releer una y otra vez, a realizar y analizar Edipo Reycontinuamente? ¿Es realmente la historia en sí lo que genera este interés, o sino lo siniestro que se oculta detrás, los actos perversos, el análisis que le dio Freud o el mecanismo teatral perfecto, la paradoja imposible que termina convirtiéndose en una posible realidad?

Y llevándolo al terreno cinematográfico, que es lo que nos resulta tan atractivo de David Lynch. Son justamente sus relatos o la forma en la que están contados, el misterio a su alrededor. El arte de generar preguntas y no dar respuestas, o que simplemente, las respuesta no estén ni nunca logren encontrarse.

Todo esto me lleva a pensar en Harold Pinter y La Habitación. Si bien sabía que Pinter no es un autor que se puede analizar en forma simple y superficial, descubrir esta primera obra que escribió y ahora es llevada con una puesta notable por Gonzalo Facundo López, confirma el genio de este dramaturgo, por qué trascendió a lo largo de la historia, y que el premio Nóbel de literatura otorgado en el 2005 tiene su justificación. Y uno puede sentir esa incertidumbre y absurdo que rodeó todo el resto de la obra de Pinter en esta primer obra.

Un profesor de guión me dijo una vez. Si uno ve la ópera prima de un cineasta legendario, va a encontrar en ella todos los elementos que fue desarrollando en el resto de su filmografía. Se puede ver esto en Lynch, Welles, Godard y hasta Christopher Nolan.

En Pinter sucede algo similar.

La Habitación es la historia de Rose, una mujer atrapada en un departamento que alquila junto a su marido en el centro de Londres. Pero encerrada en una vida que no le pertenece, que no es suya. Esa vida debería ser de otras personas. Mientras trata de mantener una relación con su cónyuge, van apareciendo diversos personajes, que le van dando pistas que debe escapar. Personajes absurdos, sin pasado, quizás sin presente, en realidad, pero que provocan que Rose empiece a tener dudas, se le sumen temores, relacionados al piso donde vive y reflexiones sobre su pasado.

Relatar más sería explicar lo inexplicable y revelar demasiado. Así como haría posteriormente en otras obras, Pinter, reflexiona sobre los orígenes de cada ser, la identidad, los vínculos familiares, la crueldad masculina de la sociedad obrera británica, los prejuicios sociales, la rutina y el conservadurismo. Todo englobado en un teatro instantáneo y efímero, ya que se trata de una obra corto, abrupta.

La puesta del director de la última versión de Woyzeck se basa en la reproducción de los climas que salen de la obra original, el misterio que engloban los personajes que van apareciendo, las palabras sin sentido, la comunicación, el hermetismo de los universos de cada personaje, una sensación de soledad, de que cada uno está solo en su propio mundo, de que ningún personaje tendrá salvación. Incertidumbre, energía negativa, aquello podrido e indefectiblemente invariable que significa un destino marcado.

Oscura, aprovechando sombras y claustrofóbica esta puesta traduce muy bien esa sensación de sin-salida, a pesar de que el espacio está abierto. El ritmo es fundamental para entrar en el clima. El lento ascenso hasta el climax y el rápido descenso hacia los infiernos, provocan que uno diga al instante: ¿qué pasó acá? Y por supuesto genera una adictiva necesidad de re visualizar la obra.

Las sólidas interpretaciones, especialmente de Azul Ratti, Galo Ontivero y Sergio Ferreiro, llenas de sutilezas, trabajando lo minimalista y lo exagerado son características propias del “absurdo” y el cinismo de La Habitación. Aquellos que se calla, los silencios, y aquello que comunica mucho pero dice nada. Estas tres interpretaciones mueven los hilos del relato, la evolución de los sentimientos, la incertidumbre de los discursos.

Esa incertidumbre que genera el placer de saber que se tiene delante una verdadera obra maestra, donde la solemnidad no le quita peso a la ironía, el sarcasmo y la crítica social, donde se desnudan sentimientos hipócritas con el fin de generar una reflexión, que 55 años después de haber sido escrita, sigue siendo contemporánea. Gracias Harold Pinter.

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