La Habitación de H. Pinter por Javier Arroyo de Revista El Abasto

por Galo Ontivero

El dolor de ser

Una vez más una nueva obra del reconocido dramaturgo inglés Harold Pinter se puso en escena en lo que es la prominente y abultada cartelera del teatro off porteño. En este caso, se trata de la obra La habitación. El primer texto teatral que el reconocido dramaturgo y escritor –Premio Nobel de Literatura en el año 2005- pusiera en escena en su carrera como hombre de teatro.

En este caso la responsabilidad de llevar a cabo este proyecto recayó en las manos del joven director Gonzalo Facundo López quien decidió montar este espectáculo; de un autor que, en más de una ocasión, han enrolado dentro del teatro del absurdo.
¿De que trata la obra? Pues bien, en ella vemos a una mujer –la que nunca pareciera querer parar de hablar– preparándole el desayuno a su marido que, en el más absoluto de los silencios, soporta estoicamente, mostrando así su profundo malestar –impecable despliegue interpretativo del actor Galo Ontivero– ante los insistentes embates por intentar mantener una conversación de parte de ella. Pero el aguerrido intento de aferrarse a las palabras de parte de ésta, pareciera está lejos de querer establecer un lazo de comunicación veraz, verdadero y profundo. Ya que poco y nada capta, o no le interesa, de todo aquella potencia comunicativa que emana su esposo desde sus silencios y miradas.
Pero aquí, recién comienza todo, ya que, luego, entrarán otros personajes a escena que develarán, un poco, los motivos de por qué esta mujer actúa de esa forma. Moviéndose así, con ese temor incipiente todo el tiempo, aunque intente mantenerlo oculto; de allí, entonces, su decisión de no querer ver lo que pasa en su derredor intentando evitar los conflictos.
Cuando aparecen otros personajes será claro por qué esta mujer hace lo que hace, intentando escapar, cosa –que se deduce viene haciendo desde hace tiempo– de su pasado; tratando de modificar así su realidad. Aunque, es sabido, que uno es todo aquello que ha dejado también… Por más que intente escaparle al bulto: eso somos también. Y quizás, esencialmente. Y así, en el lugar, y en el momento menos elegido por uno, sin que se lo espere, le puede caer gran parte de su realidad encima…
En cuanto al montaje escenográfico de esta propuesta está bastante a tono, no sólo con el “cuentito” que aquí transmitimos sino, además, con el significado implícito del relato; ya que, si bien, todo el ambiente da la impresión de ser muy sólido, nada es lo que parece y todo pende de un hilo.
Por otra parte, la labor del elenco es muy homogénea desempeñándose todos muy bien en sus respectivos roles.
Para ver.

Javier Arroyo

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