En la soledad de los campos de algodón de B.M.Koltés. Crítica de Laura Cerrato.

por Galo Ontivero

Considero que esta puesta de Cora Schor-Brener es un reconocimiento a las fuentes del teatro moderno que, en los últimos años, han sido algo olvidadas. Y es el teatro de texto que, sin desdecir el origen etimológico del “drama” como acción, implica también tener en cuenta lo que ha permitido al teatro perdurar a través de miles de años: la palabra como pensamiento, rasgo distintivo del ser humano, que en la comunidad del hecho teatral, convoca, sin embargo, a esa soledad (¿de los campos de algodón?), a cierta concentración que nos permite adentrarnos en lo más interior del otro, con su dosis de verdad y de mentira, sus miedos y sus anhelos y la relativización de quién es el agresor y quién el agredido. En parte reminiscente de aquella Historia del zoológico, de Edward Albee, Koltès, en esta obra de 1987, dos años antes de morir de sida, nos plantea brutalmente a nosotros, en esta era de la permisividad y el todo vale, cómo el arte crece mejor en la dificultad. Dificultad o resistencia no sólo contra la censura, sino contra la aporía que representa la palabra en sí, la vida misma. Desde los clásicos del erotismo del siglo xviii (de Sade,  Rétif de la Bretonne, Mirabeau, y otros que constituyen “l’enfer” de la Bibliothèque Nationale), a ciertos textos homoeróticos hasta hace dos o tres décadas, el impulso va más allá del erotismo en sí, para abordar con coraje la imposibilidad misma de ser. Un tema muy beckettiano con una factura totalmente distinta.

La puesta de Cora Schor-Brener muestra una elaboración muy seria; en primer lugar, del texto: es decir, de la traducción. El pasaje o transferencia a otro idioma forzosamente renunciará a las cadencias “racinianas”, pero descubren las posibilidades, a veces no suficientemente explotadas, de un castellano argentino con una cadencia propia, que prescinde igualmente de la solemnidad del lenguaje “elevado” y de la coloquialidad pauperizada. Y que, sin embargo, logra igualmente una gran fluidez conversacional y momentos de alta poesía. El juego escénico, que roza lo coreográfico, muy cuidado, así como la labor y dicción de los actores, Galo Ontivero y José Escobar, complementa con justeza la violencia física con la verbal.

En suma, una puesta sumamente rica y sugerente, y que, al mismo tiempo, se rige por una encomiable economía de medios.

Laura Cerrato

(Profesora Titular Cátedra Literatura Inglesa  en Facultad de Filosofía y Letras de la UBA)

Anuncios