Jugar con Fuego de Strindberg. Crítica de Estela Gomez para Showonline.

por Galo Ontivero

 

“No es el amor quien muere, sino nosotros mismos…” (Luís Cernuda).
Con ésta frase, podemos sintetizar el estado de ánimo de los protagonistas, de ésta obra de teatro.
Ni bien comienza, nos damos cuenta del hastío en que se encuentran, la desdicha y la desazón de sus vidas sin sentido, dónde sólo la apariencia y el ocultamiento, tienen lugar en ella.

Esta familia distinguida está compuesta por: el hijo, una persona cansada, que no ha hallado el camino correcto, sigue buscando inconcientemente “algo”, que lo motive a “seguir”. El dilema se da, cuando pensamos si quiere seguir igual que siempre o trata de cambiar ciertas cosas para no seguir igual o, a pesar, que modifique situaciones, su vida no se va a modificar.
Para esto, su mujer, dice que transcurre sus días en forma monótona. A lo mejor, tiene mucho movimiento, pero ella no lo quiere ver, y busca un salvador, que la motive y que la haga sentir viva.
El amigo de ambos, es el “depositario” de los problemas; en él “depositan” todas sus miserias, sus deseos, sus angustias; pero, él, se confunde y siente que pasa de ser la “mala persona”, a la víctima, de éste grupo enfermo.
La prima, es la clave de la historia porque sabe muy bien lo que sucede, y lo dice.
Todos la usan y ella se deja usar, pero también, ella los maneja y se mezcla en ese estado especial.
Por último, los padres, que están en un mundo aparte, ven con claridad, aunque “hacen” que no ven nada y sólo sueltan algún indicio, de vez en cuando, para demostrar que también, se dan cuenta pero que callan.

Es toda una realidad y una farsa, ya que, ahí, se juega un juego “peligroso”, que les permite sentirse vivos, disfrazándolo de “normalidad”.
Es una trama profunda, con mucho contenido y, además, es una muestra visible de cómo los seres humanos somos complejos y heterogéneos, y, que nuestras acciones, demuestran como estamos por dentro.

El patio de Querida Elena, le da un marco romántico a ésta novela, que parece hecha para éste lugar.
Las plantas, los sillones y las luces, hacen un grato contraste con el vestuario blanco de los actores, que sobresalen dentro del decorado.
La iluminación tenue, sugiere aún más, el clima tenso y la música, nos traslada a un lugar de ensueño, en los momentos muy intensos.
Muy buena la actuación de cada uno de los artistas, que ponen en escena toda su experiencia y capacidad. Se destacan los tonos de sus voces, y de los tiempos de expresión, lo que hacen que se manifiesten idóneamente.
La directora, Mónica Benavides, ha logrado un producto perfecto poniendo en práctica su calidad profesional, viéndose reflejado en éste maravilloso drama.

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